Leyenda

San Claro de Marmoutier (Clarus, del latín claro/puro), era un sacerdote cristiano, martirizado alrededor del año 396. Pertenecía al grupo de los llamados primeros cristianos, cruelmente perseguidos por su fe. De sus restos óseos se deduce que se trataba de un hombre de talla mediana de unos cuarenta años de edad.

La leyenda afirma que este religioso y curandero fue muerto después de varios días de tortura. La razón de este trato cruel se debe a que se negó a revelar el paradero de dos jóvenes, a los que había bautizado y desposado. Todo ello contra la voluntad de la pudiente familia enfurecida, porque su hija se había casado con un joven esclavo. Claro no quiso revelar el paradero de la pareja, ni anular la bendición de Dios ni el sacramento del bautismo y del matrimonio cristiano. Antes de ser sacrificado, le sacaron los ojos y le arrojaron en un caldero de aceite hirviendo. El cuento enternecedor de su fiel perro acompaña la leyenda que afirma, que el perro se quedó varios días al lado del sepulcro de su amo, hasta que se lo llevaron a la fuerza. Claro fue canonizado por sus actos y, teniendo en cuenta las causas y la forma de su muerte, fue nombrado patrón del termalismo, curanderismo, así como del sacramento del matrimonio.

Entre las reliquias de los santos ocupa un destacado lugar, por su título de primer cristiano y por que sus restos mortales están íntegros, lo cual no suele suceder.

Historia de las reliquias

La recuperación de los restos mortales de San Claro va unida a la noble familia Aldringen, quien adquirió el señorío de Teplice en el siglo XVII. Visto desde el punto histórico un importante hito fue el matrimonio de Anna von Aldringen con Hieronymus von Clary. A la unión de dos importantes familias nobles se debe el auge del señorío de Teplice que duró hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Las reliquias de San CLARO,  primer mártir cristiano, fueron donadas por el Papa Urbano VIII (pontificado 1623 – 1644) al obispo principesco, Johann IV Marcus von Aldringen, abad del monasterio de Seckau en Austria. Según el nombre del obispo mencionado, se adivina que pertenecía a la familia Aldringen. Dado que la ciudad de Teplice era ya conocida por sus fuentes termales, las reliquias del santo, considerado como el patrón del termalismo, fueron un verdadero regalo del cielo. Si se ha fijado en la coincidencia de los nombres Clary y Claro (en latín Clari), vamos a decepcionarle. La rama de la familia Clary – Aldringen no tiene nada que ver con el pobre San Claro, aunque hasta cierto punto se preste a conjeturas. No obstante, así San Claro encontró su camino hasta Teplice, para poder llevar a cabo, como diríamos hoy, “la administración de su lugar de trabajo”.

Las reliquias fueron trasladadas a Teplice dentro de un relicario portatil del que se han conservado las puertas de madera, la delantera con cerrojo y la inscripción CORPUS SANCTI CLARI (cuerpo de San Claro), y la trasera con cerrojo y la inscripción DONUM SUMI PONT (don del Santo Padre). Los restos óseos estaban dispuestos encima de cojines de terciopelo, color rubí, y ahí siguen dentro de la caja. Las dos tablas originales del estuche se encuentran en el antiguo relicario barroco, a mano izquierda de la entrada en la capilla.

Una vez trasladados a Teplice el obispo, Johan IV Marcus von Aldringen, depositó las reliquias en el nuevo relicario barroco junto con la corona de mártir y otros accesorios que lo adornaban. El estuche original se encuentra a mano izquierda delante de la entrada en la capilla de San CLARO. Después de la Segunda Guerra Mundial, salvo la corona, no se han conservado los adornos originales que eran parte del relicario. Eran otros tiempos.

La parte superior del estuche está acristalada a diferencia de la parte delantera. Se superponen tres tablas movibles con la inscripción dorada: CORPVS CLARI / SANCTI MARTYRIS (cuerpo de CLARO / santo mártir).

Patrón

San CLARO es el patrón deI termalismo y curanderismo y también del Sacramento del Matrimonio. Los “tratamientos calientes”, o sea las curas en fuentes termales suelen atribuirse a su “muerte caliente”. Sobre todo los pacientes del balneario suelen visitar las reliquias del santo para rezar y pedir que sane su cuerpo.

También acuden las parejas que contraen matrimonio o cuya relación matrimonial está en crisis.