Los descubrimientos arqueológicos demuestran que el territorio de la ciudad estuvo poblado por cazadores prehistóricos entre hace más de cuarenta mil y diez mil años más o menos. No cabe duda de que también vivían aquí recolectores que por su modo de vida no dejaron rastro alguno.

En el siglo IV a.C. se asentaron aquí los celtas, los romanos dejaron un par de monedas y posteriormente los marcomanos y los cuados se apoderaron del territorio, prácticamente todos los que pasaron por aquí.

Según la Crónica de Hájek las fuentes termales fueron descubiertas en el año 762, tratándose de la fuente termal originaria (Pravřídlo), mencionada en documento fidedigno del año 1057. Otros testimonios provienen de finales del siglo XII cuando se fundó el monasterio de las monjas benedictinas. La iglesia de San Juan Bautista y el monasterio mencionado se construyeron gracias a Judith, reina de Bohemia, que aquí fue sepultada.

Teplice debe su nombre a las fuentes termales (en checo teplý significa caliente), cuyas propiedades curativas eran conocidas por la población local durante siglos. El comienzo del auténtico termalismo va unido al nombre de uno de los grandes de su época, Volf de Vřesovice. Aunque, en checo, su nombre suena a cuento de hadas, tenía don de empresario. En el año 1543 adquirió la ciudad en posesión y empezó a construir el ala principal del actual palacio y la iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz.  Mandó vallar las fuentes que se derramaban, construir piscinas separadas para hombres y mujeres, levantar un sanatorio, un albergue y otros espacios cerca de la fuente termal originaria (Pravřídlo). Huelga decir que empezó a cobrar la entrada.

Después de la muerte de Volf de Vřesovice la ciudad de Teplice pasó a manos de la familia Vchynský. En el año 1634, Vilém Vchynský, fue asesinado junto con Albrecht von Wallenstein  en la ciudad de Cheb y Teplice fue confiscada y luego donada a Jan de Aldringen, por su fiel servicio al emperador. Jan no tuvo tiempo de divertirse en Teplice ya que antes de tomar la administración de su señorío, cayó en el campo de batalla contra los suecos. Sirvió excelentemente al emperador. Su hermana Anna tomó posesión del señorío y lo entregó en dote al casarse con Jeroným Clary, al que se otorgó el título de conde y sus descendientes siguieron usando el nombre que unió a las dos familias, Clary-Aldringen.  

A lo largo de los siglos Teplice gozó de fama merecida. Su notoriedad aumentó debido a las batallas durante las guerras napoleónicas. En el balneario tenían sus cuarteles generales las tropas aliadas. Después de las batallas de Chlumec y Přestanov los aliados lograron impedir la invasión francesa en Bohemia. El comandante jefe de las tropas francesas fue arrestado y escoltado a Teplice. Se llamaba Vandamme y fue un enorme éxito, aunque su nombre de pila no era Jean-Claude. Huelga decir que recibió un debido trato, porque la hospitalidad de Teplice siempre ha sido proverbial.

La popularidad de Teplice siguió aumentando. Los miembros de la alta sociedad de la monarquía y del extranjero acudían al balneario, entre ellos monarcas, escritores o compositores, cuyas obras forman parte del patrimonio cultural universal. La propia ciudad crecía y se hacía más bella junto con los ilustres visitantes. Pronto se recibió el apodo de Pequeño París.

Nada dura eternamente, qué lástima. La Segunda Guerra Mundial destruyó medio mundo, incluida la ciudad de Teplice. Las emigraciones, la campaña antijudía durante la guerra y la expulsión de los habitantes alemanes después de la guerra dejaron la ciudad casi vacía. Los siguientes ocho lustros de gobierno comunista dejaron daños adicionales. En la actualidad Teplice vuelve a prosperar, buscando el camino para volver a lucir la aureola de la gloria. Tenemos las fuentes termales, los monumentos y la volutad de levantar nuevamente la ciudad.

Los descubrimientos arqueológicos demuestran que el territorio de la ciudad estuvo poblado por cazadores prehistóricos entre hace más de cuarenta mil y diez mil años más o menos. No cabe duda de que también vivían aquí recolectores que por su modo de vida no dejaron rastro alguno.

En el siglo IV a.C. se asentaron aquí los celtas, los romanos dejaron un par de monedas y posteriormente los marcomanos y los cuados se apoderaron del territorio, prácticamente todos los que pasaron por aquí.

Según la Crónica de Hájek las fuentes termales fueron descubiertas en el año 762, tratándose de la fuente termal originaria (Pravřídlo), mencionada en documento fidedigno del año 1057. Otros testimonios provienen de finales del siglo XII cuando se fundó el monasterio de las monjas benedictinas. La iglesia de San Juan Bautista y el monasterio mencionado se construyeron gracias a Judith, reina de Bohemia, que aquí fue sepultada.

Teplice debe su nombre a las fuentes termales (en checo teplý significa caliente), cuyas propiedades curativas eran conocidas por la población local durante siglos. El comienzo del auténtico termalismo va unido al nombre de uno de los grandes de su época, Volf de Vřesovice. Aunque, en checo, su nombre suena a cuento de hadas, tenía don de empresario. En el año 1543 adquirió la ciudad en posesión y empezó a construir el ala principal del actual palacio y la iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz.  Mandó vallar las fuentes que se derramaban, construir piscinas separadas para hombres y mujeres, levantar un sanatorio, un albergue y otros espacios cerca de la fuente termal originaria (Pravřídlo). Huelga decir que empezó a cobrar la entrada.

Después de la muerte de Volf de Vřesovice la ciudad de Teplice pasó a manos de la familia Vchynský. En el año 1634, Vilém Vchynský, fue asesinado junto con Albrecht von Wallenstein  en la ciudad de Cheb y Teplice fue confiscada y luego donada a Jan de Aldringen, por su fiel servicio al emperador. Jan no tuvo tiempo de divertirse en Teplice ya que antes de tomar la administración de su señorío, cayó en el campo de batalla contra los suecos. Sirvió excelentemente al emperador. Su hermana Anna tomó posesión del señorío y lo entregó en dote al casarse con Jeroným Clary, al que se otorgó el título de conde y sus descendientes siguieron usando el nombre que unió a las dos familias, Clary-Aldringen.  

A lo largo de los siglos Teplice gozó de fama merecida. Su notoriedad aumentó debido a las batallas durante las guerras napoleónicas. En el balneario tenían sus cuarteles generales las tropas aliadas. Después de las batallas de Chlumec y Přestanov los aliados lograron impedir la invasión francesa en Bohemia. El comandante jefe de las tropas francesas fue arrestado y escoltado a Teplice. Se llamaba Vandamme y fue un enorme éxito, aunque su nombre de pila no era Jean-Claude. Huelga decir que recibió un debido trato, porque la hospitalidad de Teplice siempre ha sido proverbial.

La popularidad de Teplice siguió aumentando. Los miembros de la alta sociedad de la monarquía y del extranjero acudían al balneario, entre ellos monarcas, escritores o compositores, cuyas obras forman parte del patrimonio cultural universal. La propia ciudad crecía y se hacía más bella junto con los ilustres visitantes. Pronto se recibió el apodo de Pequeño París.

Nada dura eternamente, qué lástima. La Segunda Guerra Mundial destruyó medio mundo, incluida la ciudad de Teplice. Las emigraciones, la campaña antijudía durante la guerra y la expulsión de los habitantes alemanes después de la guerra dejaron la ciudad casi vacía. Los siguientes ocho lustros de gobierno comunista dejaron daños adicionales. En la actualidad Teplice vuelve a prosperar, buscando el camino para volver a lucir la aureola de la gloria. Tenemos las fuentes termales, los monumentos y la volutad de levantar nuevamente la ciudad.